¡Dios, lo que has vivido por mí! Te han extendido sobre el altar de la cruz como víctima, clavado como si fueras un malhechor, pegado como si fueras un agitador. Tú, que eres la paz celestial, como si fueras un brigán, tú, el origen de la vida, como pasible de ser destruido por la muerte, tú, que has desarrollado el Evangelio, como blasfemador de la Ley. Señor y cumplimiento de profetas, como transgresor de la Escritura, tú, que eres el rayo de gloria y el sello de pensamientos insondables de tu Padre, como adversario de la voluntad del que te ha engendrado. Has acogido todos esos sufrimientos voluntariamente con espontáneo acuerdo, soportándolos en la humanidad a la que te uniste. Y después de haber subido esas ignominias con indecible paciencia, has resucitado viviendo por tu propio poder en una luz exaltante, con tu íntegra humanidad y tu perfecta divinidad. Tú que eres bendecido por tu gloria, alabado por tu bondad, exaltado por tu misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
(De San Gregorio de Narek (c. 944-c. 1010), monje y poeta armenio, en El Libro de oraciones, 77)
Intención de oración del papa para el mes de abril
"Oremos por los sacerdotes que atraviesan momentos de crisis en su vocación, para que encuentren el acompañamiento necesario y que las comunidades los apoyen con comprensión y oración."

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